La sorpresa y la desolación marcaron el amanecer en la planta de neumáticos Fate, en San Fernando. Lo que debía ser el inicio habitual del turno matutino terminó convirtiéndose en una escena de desconcierto y angustia: un cartel adherido a las rejas anunciaba el cierre definitivo del establecimiento. Sin aviso previo, 920 trabajadores se encontraron de golpe ante la pérdida de su fuente laboral.

La noticia corrió de boca en boca y desató una inmediata reacción. Entre llantos y abrazos, los operarios comenzaron una protesta espontánea que, con el paso de las horas, derivó en enfrentamientos con efectivos de la Policía Bonaerense. Los trabajadores denunciaron el uso de balas de goma y un despliegue que calificaron como “desmedido” frente a un reclamo que, aseguran, es por la defensa de sus puestos.

“Trabajo acá desde hace dos décadas. No sabemos qué vamos a hacer ahora”, expresó uno de los empleados, visiblemente afectado. El temor no solo alcanza a quienes integran la plantilla, sino también a sus familias, que dependen de un salario que, de un día para el otro, dejó de existir. Para muchos, las alternativas laborales se reducen a opciones informales y precarias, en un contexto económico adverso.

Desde la mirada de los operarios, la crisis se profundizó en los últimos meses. Señalan que la apertura de importaciones de neumáticos provenientes de China y la retracción del consumo interno durante la gestión del presidente Javier Milei impactaron de lleno en la competitividad de la empresa. “Fabricábamos hasta 12.000 cubiertas por día, pero en el último tiempo la producción se frenó. Hace un mes nos habían dado vacaciones a todo el turno y nadie explicaba con claridad qué estaba pasando”, relató otro trabajador con 15 años de antigüedad.

La tensión escaló cuando un grupo de empleados, encabezados por Alejandro Crespo, referente del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna), ingresó al predio para exigir respuestas. Crespo fue demorado bajo la acusación de “turbación de la propiedad”, en un procedimiento que incrementó el malestar general. En paralelo, varios operarios decidieron subir a los techos de la fábrica como forma de visibilizar el conflicto.

Desde allí, Sebastián Tesoro denunció lo que definió como una “planta militarizada” y cuestionó la falta de diálogo. “Nos enteramos por un papel pegado en la puerta. Estamos defendiendo nuestro derecho a trabajar”, afirmó.

El cierre de la histórica fábrica no solo deja un tendal de empleos perdidos, sino que expone con crudeza la fragilidad de la industria nacional en un escenario económico complejo. Mientras se esperan definiciones oficiales y eventuales instancias de negociación, casi un millar de familias enfrenta un futuro incierto, atravesado por la urgencia y la necesidad de respuestas concretas.

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