La crisis de la industria metalúrgica dejó de ser solamente un problema de producción, costos o rentabilidad empresarial. En La Matanza, uno de los principales polos industriales del conurbano bonaerense, sus consecuencias comenzaron a golpear directamente sobre la vida cotidiana de los trabajadores.
El dato expuesto por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) resulta tan contundente como preocupante: hay trabajadores que, aun teniendo empleo, no cuentan con ingresos suficientes para afrontar el costo del transporte necesario para llegar a sus puestos laborales. Algunos, según denunció el secretario general de la UOM La Matanza, Esteban Cabello, recurren incluso a la tarjeta de crédito para poder viajar.
“Hoy, con los salarios que hay, hay trabajadores a los que no les alcanza para el boleto para ir a trabajar”, afirmó el dirigente durante una entrevista con RADIO REALPOLITIK FM.
La frase expone una de las caras más crudas del deterioro salarial: tener trabajo ya no garantiza que el ingreso alcance para sostener las condiciones mínimas necesarias para conservarlo.
810 establecimientos y una industria atravesada por la crisis
Según Cabello, en La Matanza funcionan alrededor de 810 talleres y establecimientos vinculados a la actividad metalúrgica y prácticamente todos atraviesan algún tipo de dificultad. Son pocas las empresas que consiguen sostener niveles de producción estables, mientras otras intentan sobrevivir modificando sus líneas de fabricación o reduciendo costos.
Uno de los principales cuestionamientos del dirigente sindical apunta al avance de las importaciones y al reemplazo de producción nacional por productos elaborados en el exterior.
La situación, según describió, llegó al punto de que determinadas empresas dejaron de fabricar integralmente sus productos y comenzaron a importar mercadería prácticamente terminada para realizar solamente procesos finales antes de comercializarla.
El fenómeno no solamente afecta a los trabajadores. También pone en discusión la capacidad industrial del país, el desarrollo de proveedores nacionales y la continuidad de conocimientos y capacidades productivas construidas durante décadas.
Del bronce al plástico: producir cada vez más barato
Cabello también describió un proceso de sustitución de materiales que, a su entender, refleja el deterioro de la producción metalúrgica.
Empresas que históricamente trabajaban con bronce comenzaron a utilizar aluminio y posteriormente chapa o plástico para reducir costos. El dirigente incluso puso como ejemplo la fabricación de cerraduras de plástico, como muestra de hasta dónde habría llegado la búsqueda de alternativas más económicas.
La discusión, entonces, excede el precio de un producto terminado. Para el sindicalismo, detrás de esa transformación aparece una pregunta central: qué tipo de industria queda en pie cuando producir en el país deja de ser competitivo frente a los productos importados.
Menos fábricas, menos trabajadores y más incertidumbre
La Matanza supo albergar grandes establecimientos industriales capaces de emplear entre 3.000 y 4.000 trabajadores. Ese modelo, según Cabello, prácticamente desapareció.
En su lugar quedaron empresas más pequeñas, con menor cantidad de trabajadores y una capacidad productiva reducida.
La consecuencia inmediata es el impacto sobre el empleo. La UOM La Matanza estima que alrededor de 200 puestos de trabajo metalúrgicos se perdieron en el distrito, lo que significa, en términos concretos, alrededor de 200 familias que dejaron de contar con ese ingreso laboral.
Pero detrás de cada puesto perdido existe una cadena mucho más extensa: alquiler, alimentos, transporte, educación, salud, consumo y comercios que dependen de los salarios industriales.
Cuando una fábrica reduce su producción, el impacto no termina en la puerta del establecimiento.
El salario que no alcanza y el trabajador que se endeuda
La denuncia sobre el boleto constituye quizás el dato más simbólico de la situación.
El salario dejó de ser solamente una cuestión de poder comprar más o menos bienes. Para algunos trabajadores, la pérdida del poder adquisitivo comenzó a comprometer gastos indispensables para poder cumplir con la propia jornada laboral.
El trabajador necesita viajar para llegar a la fábrica. Para viajar necesita pagar el transporte. Y para pagar el transporte necesita un ingreso que, según la UOM, en algunos casos ya no alcanza.
El círculo resulta dramático: trabajar para cobrar, pero necesitar endeudarse para poder llegar al trabajo.
Cabello también cuestionó los índices oficiales de inflación y sostuvo que los porcentajes difundidos no reflejan el impacto que los aumentos tienen sobre los consumos cotidianos de los trabajadores.
La crisis también entra en los hogares
El deterioro de los ingresos no se limita al ámbito laboral.
Desde la UOM señalaron cambios en los hábitos de consumo de las familias metalúrgicas y una creciente dependencia de actividades gratuitas. Incluso durante las vacaciones de invierno, el sindicato detectó una mayor presencia de adultos en las funciones gratuitas organizadas en su teatro, una señal que Cabello interpretó como consecuencia de la imposibilidad de muchas familias de afrontar el costo de una salida.
La incertidumbre también comenzó a modificar proyectos familiares. Según el dirigente, la situación económica y laboral lleva a muchas parejas a postergar decisiones vinculadas con la posibilidad de tener hijos.
Cuando la crisis modifica incluso las expectativas de las familias sobre su futuro, el problema deja de ser exclusivamente económico y adquiere una dimensión social mucho más profunda.
La salud, otro frente de batalla
El deterioro también alcanzó al acceso a la atención médica.
Cabello relató que trabajadores habían dejado de llevar a sus hijos a determinados centros de salud debido a los bonos o coseguros que debían pagar. Frente a estos reclamos, la UOM La Matanza inició gestiones con los prestadores y logró eliminar esos pagos adicionales en sus establecimientos de salud del distrito.
Para el gremio, la respuesta pasa por profundizar la solidaridad entre organizaciones sindicales y utilizar los recursos disponibles para sostener prestaciones que permitan amortiguar el impacto de la crisis.
Una advertencia sobre el futuro de la industria
La preocupación de la UOM La Matanza plantea un debate que excede la situación particular del sector metalúrgico.
¿Qué ocurre con un país que importa aquello que antes fabricaba? ¿Qué sucede con los trabajadores cuando las fábricas reducen sus planteles? ¿Qué futuro tiene la industria nacional si producir localmente resulta cada vez más difícil?
Desde el sindicato sostienen que el escenario actual combina apertura importadora, debilitamiento del mercado interno, pérdida de poder adquisitivo y reducción de la actividad industrial.
Cabello reclamó, en ese sentido, una mayor articulación del movimiento obrero y una respuesta política que vuelva a colocar a la producción y al empleo en el centro de la discusión.
La imagen de un trabajador que debe utilizar una tarjeta de crédito para pagar el boleto hasta su lugar de trabajo sintetiza una paradoja difícil de ignorar: el empleo, que históricamente representó la principal herramienta de estabilidad y progreso social, comienza a resultar insuficiente incluso para garantizar el traslado hasta la fábrica.
Y detrás de esa realidad hay una discusión mucho más profunda: ¿qué modelo productivo tendrá la Argentina? y, sobre todo, qué lugar ocuparán los trabajadores en ese modelo.
