En Diciembre, el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (S.O.M.U.) no solo elegirá nuevas autoridades: definirá el rumbo del gremio para los próximos años.

En este contexto, la Unión Nacional de Agrupaciones Marítimas (U.NA.M.) emerge como la única fuerza opositora con capacidad real de disputar la conducción. A diferencia de otras expresiones internas, la UNAM no se gestó en despachos sindicales, sino en la cubierta ardiente de los barcos, entre jornadas de trabajo exigentes, grasa de motor y largas ausencias familiares.

El respaldo a la agrupación crece día a día. En cada muelle y cada barco, el nombre que más resuena es el de la U.NA.M., que lleva como candidatos a Juan Cruz y “Pato” Valenzuela. Ambos se destacan por un perfil diferente al habitual: no provienen de las oficinas gremiales ni arrastran compromisos con viejas estructuras.

“Su historia es más digna: nunca se apartaron del trabajo, nunca se corrompieron, nunca abandonaron el barco”, señalan desde la agrupación. Esa falta de vínculos con la conducción actual, lejos de verse como una debilidad, es presentada como una garantía de cambio.

Para la U.NA.M., el mensaje es claro: “Quien nunca estuvo adentro, tampoco participó de la decadencia”.

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