A pocas horas del congreso de la CGT, el mapa sindical se reconfigura con movimientos que podrían definir la próxima conducción de la central obrera. El sector encabezado por Luis Barrionuevo (Gastronómicos) y Armando Cavalieri (Comercio), que buscaba postergar la elección de autoridades y extender los mandatos actuales, perdió un aliado clave: Héctor Daer (Sanidad), quien decidió tomar distancia y buscar una salida consensuada.

La jugada de Barrionuevo y Cavalieri apuntaba a impedir la inclusión de Cristian Jerónimo (Vidrio) en el nuevo triunvirato que promueven los independientes Gerardo Martínez (UOCRA), Andrés Rodríguez (UPCN) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias). Su argumento era que la CGT necesita una conducción “más experimentada” para enfrentar la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. Sin embargo, Daer se opuso a esa estrategia y reiteró que no continuará al frente de la central: “Di mi palabra de que no iba a seguir otro mandato y la voy a cumplir”, afirmó.

Mientras tanto, Jerónimo sigue ganando apoyos. En las últimas semanas sumó el respaldo de unos 40 gremios de distintas corrientes, entre ellos ex pablomoyanistas, kirchneristas y dirigentes dialoguistas. Su candidatura, impulsada por Martínez, genera resistencias en algunos sectores que temen un acercamiento de la CGT al oficialismo, aunque también cuenta con el respaldo de figuras de peso como Rodríguez, Lingeri y Juan Pablo Brey (Aeronavegantes).

En este escenario, Hugo Moyano intenta ubicarse como “factor de equilibrio” y promueve la continuidad de Octavio Argüello (Camioneros) en la futura conducción como gesto de unidad.

Pese a la tensión, las reuniones de los distintos sectores continuaron durante el fin de semana. En la última cumbre en la sede de la UOCRA participaron la mayoría de los referentes, aunque se notó la ausencia de Barrionuevo y sus aliados más cercanos.

El congreso de la CGT, que se realizará este miércoles, será decisivo. Si bien aún se mantienen abiertas las negociaciones para alcanzar una lista de unidad, todo indica que el sector que buscaba frenar la votación perdió fuerza tras el alejamiento de Daer, y la pulseada sindical podría definirse “cinco minutos antes” del inicio formal del encuentro, como suele ocurrir en la historia del movimiento obrero.

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