La cúpula cegetista quedó envuelta en una nueva polémica luego de que el cosecretario general mantuviera un encuentro con el gobernador de Santa Cruz, cuestionado por amplios sectores del movimiento obrero por su rol en el avance de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional.
La Confederación General del Trabajo (CGT) atraviesa horas de fuerte tensión interna. Mientras la conducción debatía la posibilidad de profundizar las medidas de protesta frente al deterioro del empleo, la caída del poder adquisitivo y el avance de las reformas promovidas por la administración de Javier Milei, la reunión que mantuvo Héctor Daer con el gobernador santacruceño Claudio Vidal generó un profundo malestar entre dirigentes sindicales y volvió a exponer las diferencias que atraviesan a la central obrera.
El encuentro, realizado en Río Gallegos, fue presentado oficialmente como una reunión institucional para analizar la situación económica, el empleo y el federalismo. Sin embargo, puertas adentro de la CGT la foto cayó como un balde de agua fría. Diversos referentes cuestionaron la oportunidad política del gesto, especialmente por tratarse de un dirigente provincial que había quedado en el centro de las críticas sindicales por el respaldo parlamentario que permitió el avance de la reforma laboral.
La molestia no responde únicamente a una cuestión protocolar. En varios sectores de la central consideran que el movimiento obrero necesita exhibir una posición unificada frente a las iniciativas oficiales que buscan modificar derechos laborales, y entienden que cualquier gesto de acercamiento hacia quienes fueron señalados como facilitadores de esas reformas debilita el mensaje político que intenta construir la CGT.
El nombre de Claudio Vidal ya había generado controversia meses atrás, cuando dirigentes como Pablo Moyano cuestionaron públicamente el rol del mandatario santacruceño por la posición de los legisladores vinculados a su espacio durante el debate de la reforma laboral. Aquellas declaraciones marcaron uno de los momentos de mayor confrontación entre sectores del sindicalismo y el gobernador patagónico.
La fotografía entre Daer y Vidal adquiere mayor relevancia porque se produce en un contexto particularmente delicado para la central obrera. La CGT analiza nuevas acciones frente al escenario económico, mientras distintos gremios reclaman endurecer la estrategia de confrontación con el Gobierno nacional. En ese marco, cualquier movimiento de sus principales dirigentes es observado con atención tanto por la dirigencia sindical como por las bases.
Aunque oficialmente no hubo cuestionamientos públicos desde la conducción nacional, el malestar comenzó a manifestarse en conversaciones reservadas entre dirigentes de distintos sectores, donde varios coincidieron en que la reunión envía una señal contradictoria respecto de la posición que la CGT viene sosteniendo frente al proyecto de reforma laboral y a los gobernadores que acompañaron su tratamiento.
El episodio vuelve a poner en evidencia una discusión de fondo que atraviesa al sindicalismo argentino: cómo combinar el diálogo institucional con la firmeza política frente a un Gobierno que impulsa profundas modificaciones en el mundo del trabajo. Mientras algunos dirigentes sostienen que mantener canales de diálogo resulta imprescindible, otros consideran que determinadas imágenes terminan erosionando la credibilidad de una conducción que busca encabezar la resistencia a las reformas laborales.
Con el debate sobre un eventual plan de lucha aún abierto, la controversia promete seguir alimentando las tensiones internas dentro de la CGT, donde cada gesto político comienza a pesar tanto como las decisiones que se adopten en los próximos meses.
