Mientras crecen las tensiones internas y el descontento con el gobierno de Javier Milei, la central obrera baraja adelantar para octubre la elección de nuevas autoridades. El modelo de conducción tripartita muestra signos de agotamiento, pero no hay consenso sobre una figura única.
La Confederación General del Trabajo (CGT) atraviesa días de definiciones internas. Aunque el cronograma formal establece que la renovación de autoridades debe concretarse en noviembre, fuentes confiables de la central obrera confirmaron que se evalúa adelantarla a octubre, antes de las elecciones legislativas del 26 de ese mes. La decisión final se debatirá tras la marcha del 7 de agosto, convocada por San Cayetano, en conjunto con movimientos sociales y las dos vertientes de la CTA, con epicentro aún por definir entre la Plaza de Mayo o el Congreso.
El actual esquema de conducción tripartita, integrado por Héctor Daer (Sanidad), Carlos Acuña (Estaciones de Servicio) y Octavio Argüello (Camioneros), parece haber llegado a su fin. Desde distintos sectores reconocen que el modelo, implementado en 2016 y con antecedentes en 2003, está desgastado. Sin embargo, aún no hay una figura que logre reunir los consensos necesarios para asumir como único secretario general.
“Luego de la movilización del 7, comenzará formalmente el debate por la convocatoria al congreso ordinario donde se definirá la fecha de renovación”, deslizaron desde el entorno cegetista. La reunión de la «mesa chica» este lunes servirá como antesala a ese proceso.
La falta de unidad se traduce en múltiples nombres en danza. Entre los más mencionados figura Jorge Sola, del Sindicato del Seguro y actual vocero de la CGT, impulsado por los denominados “gordos”, sector que agrupa a los grandes gremios de servicios. A pesar del apoyo, aún no logra posicionarse como un candidato de unidad.
Desde el sector de Hugo Moyano, aún no se propuso un nombre para la secretaría general, pero sí se busca posicionar a Jerónimo Moyano, su hijo menor, en la secretaría de juventud. Por su parte, el gastronómico Luis Barrionuevo impulsa a Daniel Vila, del gremio de Carga y Descarga, mientras que Gerardo Martínez (UOCRA), con llegada al círculo empresario y al gobierno nacional, apoya a Cristian Jerónimo, líder del Sindicato del Vidrio.
En este complejo tablero sindical, la avanzada edad de varios dirigentes, el retroceso del trabajo registrado, la fragmentación generacional del movimiento obrero y la dificultad para sintonizar con una base cada vez más desencantada y atraída por la retórica libertaria, configuran desafíos mayúsculos.
“La CGT no logra encontrar un plan claro para enfrentar a este gobierno que nos está llevando puestos”, reconoció un dirigente con peso dentro de la central. La pérdida de afiliados, la creciente informalidad laboral y la pérdida de influencia de gremios históricamente poderosos, como Camioneros, evidencian una crisis de representatividad que amenaza con profundizarse si no se logra una renovación con contenido y legitimidad.
Así, la CGT se encuentra ante un dilema: renovar su conducción con una figura fuerte que sintetice al conjunto o repetir un esquema tripartito que garantice unidad, pero diluya el poder de decisión en un momento clave para el movimiento obrero argentino.
